En un bioma de colores, ensueño de fantasía, te percibo irreal, tan sutil, bella y etérea, que un sueño me pareces. Es tu pelo, alegoría, tu sonrisa, mariposa eterna, que no envejece. Tus ojos, llevan misterio, tu vestido es fantasía, adornada con la luna. Una mujer en el espejo, cuajado el fondo de color, los arabescos, sembraron tu paso, tu pose es una fábula, en tantas noches... cantada. M. Antonia Pérez
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Viajera
Ella buscó su origen en la Alhambra, en los jardines árabes, en las fuentes. Ella buscó en el azul del cielo y en la montaña, un pasado intenso de veleta. Ella encontró el sol y la palabra, el cuento árabe y la pausada, sombra del presente. Ella, Sonia, viajera, intensa, azul y rosa de las flores, hermosa estela de libros y saberes. Vacaciones de hoja y de piscina, de fuente de los leones y de... vida. María Antonia Pérez
Rincones de Granada I: La Alhambra
Fotografía: vista de la Alhambra (al fondo) desde el barrio del Albaicín.
Granada, en el sureste de Andalucía, nos brinda numerosos rincones secretos: bellezas naturales, paisajísticas y arquitectónicas. En Granada, la última ciudad «reconquistada» por los Reyes Católicos a los árabes, el legado morisco de la Alhambra nos transporta al pasado, a un lugar de cuentos, mitos y leyendas.

Visitando la Alhambra entendemos la pena de Boabdil, último sultán del reino nazarí, por tener que abandonar para siempre su palacio, construido por sus antepasados doscientos años atrás.
Mitos y leyendas
Corría el año 1492, y Boabdil, tras la entrega de las llaves de la ciudad, salió por la puerta principal de la Alhambra, situada en la Torre de los Siete Suelos, pidiendo que esa puerta se cerrase y que nunca más fuera utilizada. Su deseo se respeta hasta hoy, por lo que la Puerta de los Siete Suelos permanece siempre cerrada.

Boabdil partió con su séquito hacia un destierro impuesto en la zona de las Alpujarras. Cuando llegó a la última loma desde la que se divisa la Alhambra, a unos 12 kilómetros al sur, se detuvo. Y observando por última vez el que había sido su hogar dijo: «Hasta siempre patria de mi alma. Hágase pues la voluntad de Alá». A lo que su propia madre, la sultana Aixa al-Horra contestó: «Llora como mujer lo que no has sabido defender como un hombre». Hoy, ese lugar, a 865 m de altitud en la Villa de Otura, se llama Puerto del Suspiro del Moro.


























