En ti me he inspirado, madre, útero amable y querido, en tu cariño especial, en tus manos que acarician, en tus palabras al niño que somos, y que seremos. A ti te hago este poema, por tu querer tan humano, pero lleno de conciencia. Que nos trajiste a la vida, y siempre nos has arropado, alerta a todo peligro, y atenta al sueño sanado, en un despertar con paciencia. Por ti aprendí cada día, que el amor es descuidado, de... egoísmos.
María Antonia Pérez

