En un bioma de colores, ensueño de fantasía, te percibo irreal, tan sutil, bella y etérea, que un sueño me pareces. Es tu pelo, alegoría, tu sonrisa, mariposa eterna, que no envejece. Tus ojos, llevan misterio, tu vestido es fantasía, adornada con la luna. Una mujer en el espejo, cuajado el fondo de color, los arabescos, sembraron tu paso, tu pose es una fábula, en tantas noches... cantada. M. Antonia Pérez
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El valle de las libélulas: Un silencio roto
He callado, pero no por temor, he silenciado las palabras, pero no por miedos levantados. No dije amor, ni adiós, ni nada Nada ganó en el pasado. Mi pasado voló entre montañas, en el valle quedó y fue abrazado. Miré la herida abierta, ya no supura, no sangra, ni se duele, cicatrizado el dolor que la acompaña. El viento llegó con las libélulas, acompasado, entre ramas crecidas, entre sonrisas de hojas, palabras que colgaron, que no flores, frutos del largo estío de mi infancia. Abracé los labios, madera henchida de árbol maduro. Contemplando el silencio me vi... en el rocío.
¿Dónde está el amor?
¿Dónde lo buscaste, que no lo encontrabas? El amor estaba. ¿Dónde lo mandaste, que no retornaba? El amor estaba. ¿Dónde lo pusiste, que quedó en nada? El amor estaba. Está en el aire, en la flor hermosa, en manos que ayudan, en las mariposas. Está entre las gentes, que trabajan duro, en los parques verdes, y a veces son mudos retratos de alguien. El amor... estaba. M. Antonia Pérez
Madrid: Algo que confesarte
José Navarro
Perdido en el bosque de tu cabello busco la salida desesperado, pues la noche eterna se acerca y la vida se oscurece... Vagando sin sentido por senderos de otoño me apodero de tus manos para agarrarme a las ramas y que la tierra no me trague... Perdido en el bosque de tu cabello la noche envuelve la ilusión y descubre temores... Mezcla de café y sueño, vagabundo de peldaños, arqueólogo de recuerdos, fundo mi atención en la nada. Te oigo recordarme que la vida continúa, que la memoria vive, que el corazón es fuerte... Pero no, la vida está cortada, mi memoria oxidada te habla, y el corazón, apaleado...



