Grito desesperado de Alma, impotente ante el amor que siente por Jairo

Por favor, ¡arrancadme la cabeza! ¡Arrancádmela con saña! ¡Golpeadla, trituradla, quemadla, enterradla! ¡Y dadme así la libertad! Fabricadme después una nueva, sólida y resistente, inmune al influjo aturdidor de las estúpidas pasiones. Ya no quiero mi cabeza, porque ya no es mía, la lujuria la ha devorado, como harían las hormigas con una lagartija viva dentro de un tarro de cristal. Solo que el tarro es, en este caso, un laberinto teñido de rojo en el que soy incapaz de encontrar la salida. ¿Y cómo voy a hacerlo? Si no puedo concentrarme en nada que no sea ÉL, cada hora, cada minuto y cada segundo del día. He dejado de ser yo, hasta el punto de dejarme comer por sus deseos carnales. Pero ya no, ya no puedo tolerarlo más porque hay alguien que me necesita. Así que por favor, ¡ayudadme!, sacadme de este embobamiento irracional, de este atontamiento carnívoro; y no tengáis remordimientos, porque esta no soy yo. Por favor, ¡arrancadme la cabeza y devolvedme mi libertad!