Pero ¿a quién amas, dime? Tendida en la espesura, entre los pájaros silvestres, entre las frondas vivas, rameado tu cuerpo de luces deslumbrantes, dime a quién amas, indiferente, hermosa, bañada en vientos amarillos del día. Si a tu lado deslizo mi oscura sombra larga que te desea; si sobre las hojas en que reposas yo me arrastro, crujiendo levemente tentador y te espío, no amenazan tu oído mis sibilantes voces, porque perdí el hechizo que mis besos tuvieran. El lóbulo rosado donde con diente pérfido mi marfil incrustara tropical en tu siesta, no mataría nunca, aunque diera mi vida al morder dulcemente solo un sueño de carne. Unas palabras blandas de amor, no mi saliva, no mi verde veneno de la selva, en tu oído vertería, desnuda imagen, diosa que regalas tu cuerpo a la luz, a la gloria fulgurante del bosque. Entre tus pechos vivos levemente mi forma deslizaría su beso sin fin, como una lengua, cuerpo mío infinito de amor que día a día mi vida entera en tu piel consumara. Erguido levemente sobre tu seno mismo, mecido, ebrio en la música secreta de tu aliento, yo miraría tu boca luciente en la espesura, tu mejilla solar que vida ofrece y el secreto tan leve de tu pupila oculta en la luz, en la sombra, en tu párpado intacto. Yo no sé qué amenaza de lumbre hay en la frente, cruje en tu cabellera rompiente de resoles, y vibra y aun restalla en los aires, como un eco de ti toda hermosísima, halo de luz que mata. Si pico aquí, si hiendo mi deseo, si en tus labios penetro, una gota caliente brotará en su tersura, y mi sangre agolpada en mi boca, querrá beber, brillar de rubí duro, bañada en ti, sangre hermosísima, sangre de flor turgente, fuego que me consume centelleante y me aplaca la dura sed de tus brillos gloriosos. Boca con boca dudo si la vida es el aire o es la sangre. Boca con boca muero, respirando tu llama que me destruye. Boca con boca siento que hecho luz me deshago, hecho lumbre que en el aire fulgura. Vicente Aleixandre

