Vine a Comala porque me dijeron
que el dolor es cosa de las mujeres que me criaron.
A mí también me mataron los murmullos,
a mí me mató la aridez sobre la que crecen,
sin embargo, estos frutos blancos
como si fueran una planta del desierto.
Lo que más me inquieta
es el abandono fundacional que aprendieron mis abuelas.
Vine a Comala para dar pese a todo con el fruto.
Dolores voltea su sangre contra el desamparo
y tirita un murmullo que me salva:
El dolor no es lo peor.
Todo lo que hay en torno a esta novela es un misterio, desde la vida de la autora hasta las circunstancias en las que fue escrita, dos años antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial. Después de su publicación por la editorial suiza Jeheber (desaparecida hoy en día) nada más se supo de la escritora François Frenkel, nacida en Polonia en 1889. Solo os diré de ella (para no hacer spoiler de la historia) que en 1921 funda la primera librería francesa de Berlín, La Maison du livre, un lugar de reunión y debate para los amantes de los libros. Con la ascensión del nazismo el clima en la capital cambia y Françoise escapa a París. Allí se enfrentará a la adversidad sin perder la fe en el ser humano, con una determinación que la apartará de un trágico destino. Hay quien dice de ella que fue una de tantas «heroínas desconocidas».
¿Cómo es posible entonces que llegue este libro hasta nosotros? Pues gracias a un escritor francés, que encontró en un mercadillo de Niza la publicación original titulada Rien où poser sa tête (Ningún lugar donde establecerse), y consideró que merecía la pena volverla a editar.
Yo he disfrutado, desde el inicio, con cada página de esta novela, protagonizada por una mujer optimista, capaz de adaptarse y sobrevivir a la cruda realidad del momento, con sensatez y madurez. Una visión centrada en las bondades de las personas, en lugar de en la maldad, la crueldad y la violencia a la que tanto series como películas y libros actuales nos tienen, por desgracia, tan acostumbrados.
En definitiva, una maravilla literaria que te hace recuperar la fe en el ser humano, al más puro estilo de «la vida es bella».
Os dejo a continuación los FRAGMENTOS que más me han impactado:
«Ese fondo de sadismo oculto que debe de haber en todo hombre sale a la luz cuando se presenta la ocasión. Bastó con darles a esos muchachos, en realidad personas apacibles, el poder abominable de cazar y acorralar a unos seres humanos indefensos para que cumpliesen esa tarea con una severidad inaudita y brutal de la que se diría que disfrutaran.»
«La creciente desolación de todas las madres ante del desafecto de sus hijos arrancados del hogar familiar; la influencia de los jefes de edificio que se metían en la vida de los inquilinos, los delataban ante los tribunales de comportamiento, dislocaban los lazos del matrimonio, de la amistad, del cariño, del amor; las personas desposeídas primero de sus trabajos y de sus funciones, luego de su fortuna y finalmente de sus derechos cívicos y humanos.»
Te sentí, como el viento,
cuando pasabas ya;
como el viento,
que ignora si llega
o si se va...
Fuiste como una fuente
que brotó junto a mí.
Y yo, naturalmente,
sentí sed y bebí.
Llegaste como el viento,
náufraga del azar,
con tus ojos alegres
entristeciendo el mar.
Y, para que la tarde
pudiera anochecer,
te fuiste como el viento,
que no sabe volver.
El desamor y la enfermedad ahogan la sensación de plenitud y te lanzan al más oscuro de los abismos, abandonándote en una profunda e incomprendida soledad. Hay quien piensa que no existe la suerte, ni la buena ni la mala, que cada uno se forja la suya. No lo cree así Tito, tampoco Alma. Dicen que a mayor esfuerzo y sacrificio mayor recompensa, pero algunos lucha toda su vida para merecerla y mueren sin obtenerla, mientras que otros lo consiguen todo, sin trabajar, sin pelear, simplemente las cosas les llegan. A estos dos hermanos la suerte, la buena, les esquiva. Frente a ellos se volatiliza, como las burbujas en el aire. Alberto se muere y Alma necesita, por una vez, que las cosas le caigan del cielo. Necesita una nube de mariposas, que transporten la fortuna en el polvillo de sus suaves alas, y que al tocarlas se desprenda de ellas toda la suerte del mundo, adhiriéndose a sus dedos, a sus uñas, infiltrándose en su carne, para nunca abandonarla.
Alma necesita la suerte, porque hoy no teme ser diferente, ni dejarse guiar por los misteriosos impulsos que nacen de su interior. Algo crece dentro de ella, una fuerza salvaje, desconocida, controladora, un instinto, una esencia que clama por la supervivencia, y que le impulsa a contradecir al destino. Algo le empuja a ser rebelde, a enfrentarse a las normas establecidas y a la propia naturaleza del ser humano, superando obstáculos y dificultades, aun incurriendo en ilegalidades. Alma será una rebelde, una rebelde con causa, luchando para desafiar a la muerte.
Fui muytemprano, a primera hora de la mañana. Vi en la entrada a dos jóvenes voluntarias que vendían rosas por un euro para ayudar a Haití, devastado por el fuerte terremoto de enero. Se me ocurrió la idea de regalarle cuatro de esas rosas a mamá, una por cada uno de sus hijos. Eran perfectas porque tenían lazos de raso con unas diminutas tarjetas de felicitación ideales para escribir nuestros nombres. Sabía que a ella le emocionaría el detalle. Sin embargo mis planes se frustraron al comprobar que las chicas no tenían cambio de cincuenta y tuve que conformarme con comprar solo tres, una por cada euro que llevaba suelto. Después subí a la habitación en la que Tito, adormilado por los medicamentos, descansaba bajo la cariñosa y atenta mirada de papá, sentado en un sillón al lado de la cama. En la mesa donde le servían la comida había una botella de agua mineral medio vacía. La utilicé como jarrón y la coloqué en el alféizar de la ventana. El sol matinal, vibrante en el cielo raso de Madrid, incidía sobre las flores intensificando sus diferentes colores: rojo, naranja y lila. Su agradable y fresco aroma contrastaba con el ambiente cargado y seco de la habitación poco ventilada. De repente la contemplación de esas tres únicas flores me produjo un desasosiego que debió de plasmarse en mi cara, porque papá me miró y comprendió al instante. Sin mediar palabra sacó un euro de su cartera y me lo entregó. Corrí en busca de las voluntarias, pero no las encontré. Se habían marchado ya o quizá habían cambiado de lugar. Volví a la habitación. Cuando mamá llegó al poco rato sentí un gran pesar al ver su mirada lánguida posada en las tres flores, esas tres únicas flores. Salió de la habitación con pasos apresurados, sin decirnos nada. Regresó veinte minutos después. Sus ojos sonreían ahora: traía en su mano ajada la cuarta rosa, de un color amarillo intenso. Les pusimos los nombres: Alma, Dulce, Diego, Tito. Elegimos para Tito la amarilla por su viveza, y para mí y para mis otros dos hermanos dejamos la ardiente roja, la noble lila y la plácida naranja. Aunque poco tiempo después la flor más viva fue la primera en marchitarse…
Una entrevista maravillosa. Muchas gracias @lecthoracompulsiva. Ideal para celebrar la reciente publicación de mi novela EL DON MÁS CODICIADO DEL MUNDO.
Periodista y escritora, con una obra publicada… Su historia son de las reales, como la vida misma y es por eso, que consigues conectar con los personajes.
1- ¿Por qué decidiste usar el pseudónimo “La Paciencia Marchita”?
La primera vez que pensé en este término fue realizando la investigación sobre la historia del pueblo saharaui, que lleva más de cuarenta años luchando por recuperar su país. Hay que tener mucha paciencia para resistir sus condiciones de vida sin renunciar al activismo pacífico. Pero en más de una ocasión los jóvenes han reclamado volver a la guerra, de ahí el término “la paciencia marchita”. Además, si piensas en el desierto en el que viven… Allí todo está marchito. En cuanto a la adopción del término como mi pseudónimo, es porque mi paciencia también está “marchita”. Por mucho que te esfuerces es muy difícil vivir solo del periodismo y/o de la escritura…
Perdido en el bosque de tu cabello
busco la salida desesperado,
pues la noche eterna se acerca
y la vida se oscurece...
Vagando sin sentido
por senderos de otoño
me apodero de tus manos
para agarrarme a las ramas
y que la tierra no me trague...
Perdido en el bosque de tu cabello
la noche envuelve la ilusión
y descubre temores...
Mezcla de café y sueño,
vagabundo de peldaños,
arqueólogo de recuerdos,
fundo mi atención en la nada.
Te oigo recordarme
que la vida continúa,
que la memoria vive,
que el corazón es fuerte...
Pero no,
la vida está cortada,
mi memoria oxidada te habla,
y el corazón, apaleado...
UNPÁJARO EN LA NIEBLA, editado por Zoila Ascasibar, es una verdadera joya para los amantes de la poesía. Mª Antonia Pérez es una maestra de la metáfora y de la improvisación. De la más sencilla cotidianeidad es capaz de crear, en tan solo unos instantes, el más bello de los poemas, con un sentir que te emociona, te sacude, te revuelve… Sus versos son una cura para el alma.
Un pájaro en la niebla,
así me siento yo,
desorientada, inquieta,
humedad en las plumas
y horizonte invisible.
Volar sin rumbo,
volar en círculos
y pararse en la rama.
Posarse en el firme árbol,
que corta la niebla,
y que la define.
Pájaro sin ayer y sin mañana,
hoja del árbol, trino sin eco...
pluma y anhelo.
Esta imagen de la fotógrafa ecuatoriana Julia Dávila-Lampe, mezcla de sensualidad y una hermosa y sugerente combinación de colores, es un hechizo para los sentidos.
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