En ti me he inspirado, madre,
útero amable y querido,
en tu cariño especial,
en tus manos que acarician,
en tus palabras al niño que somos,
y que seremos.
A ti te hago este poema,
por tu querer tan humano,
pero lleno de conciencia.
Que nos trajiste a la vida,
y siempre nos has arropado,
alerta a todo peligro,
y atenta al sueño sanado,
en un despertar con paciencia.
Por ti aprendí cada día,
que el amor es descuidado,
de... egoísmos.
Existe en México, en el estado de Oaxaca, una ciudad llamada Ixtepec, donde el 1 de noviembre, día de los muertos o Xhandú, se celebra con un festival de poesía, literatura, música, teatro, danza y fotografía. Toda una ofrenda cultural recogida este año, debido a la pandemia, en un libro titulado Biguié, que significa esencia, fragancia o aroma de flores; biguié es la ofrenda a los muertos, o los periodos de tiempo de la vida binnizá (zapoteca) registrados en su calendario ritual sagrado. En este proyecto, organizado y dirigido por el escritor Óscar Zárate, participan poetas, escritores y fotógrafos de Oaxaca, Baja California Sur, Ciudad de México, Yucatán y otros estados mexicanos.
BIGUIÉ, comienza relatando la historia del nacimiento de este festival que va ya por su sexta edición.
«Hace seis años se nos ocurrió hacer un encuentro poético en conmemoración del aniversario luctuoso de Alejandro Cruz Martínez, poeta jeromeño asesinado, e invitamos a amigos de la región a crear este espacio. El lugar fue en el Panteón municipal de Ixtepec, en un tanque de agua, a un costado de la sepultura del maestro Alejandro, armamos un escenario con tablones y encendimos más de cien veladoras que fue nuestra iluminación hasta la madrugada. Los vecinos nos obsequiaron tamalitos y café, el mezcal llegó solito, como el viento nostálgico de estas fechas, no paró la poesía toda la noche, llegaron dos compañeros de Alejandro y sorprendidos de conocer tantas voces nuevas celebraron con nosotros, cantándole al poeta chituguí. Así comenzó esta aventura, continuamos cada año, cada primero de noviembre con más invitados, todos hermanados en el arte. Se agregó la música, performance, danza, teatro, fotografía, y nuestro público creció. Nos preguntaban a qué hora comenzaremos, los tamalitos se acababan enseguida y el mezcal humedecía a la noche, que bajo el cielo y el huanacastle nos hacía eternos, una cita romántica con nuestros queridos muertitos.»
Y continúa con la poesía de Andrea Ek…
Recuerdo
Las palabras se convierten en ceniza,
Se esfuman contigo.
No hay luz
La luna:
compañera nocturna,
recolectora de lágrimas.
Vida efímera,
Recorrido de mi alma
en los poetas;
transición de la palabra
en el viento que besa
una mirada
una sonrisa
al atardecer
Perdido en el bosque de tu cabello
busco la salida desesperado,
pues la noche eterna se acerca
y la vida se oscurece...
Vagando sin sentido
por senderos de otoño
me apodero de tus manos
para agarrarme a las ramas
y que la tierra no me trague...
Perdido en el bosque de tu cabello
la noche envuelve la ilusión
y descubre temores...
Mezcla de café y sueño,
vagabundo de peldaños,
arqueólogo de recuerdos,
fundo mi atención en la nada.
Te oigo recordarme
que la vida continúa,
que la memoria vive,
que el corazón es fuerte...
Pero no,
la vida está cortada,
mi memoria oxidada te habla,
y el corazón, apaleado...