Un poco de tu leche

Esta novela corta de Lara Losada es una historia tremenda, pero contada con una inocencia y una ternura tales que te sacude con dulzura el corazón. Y no quiero añadir nada más para no desvelar una trama que vas descubriendo poco a poco, según avanzas en la lectura, hasta llegar al sorprendente final.

Un poco de tu leche es una novela entrañable que querrás leer una y otra vez. Yo ya no recuerdo la de veces que he releído, por ejemplo, el fragmento siguiente.

«El otro día papá me quería, pero hoy me mira con bolas de fuego y yo me pongo de cuclillas. Parece que mi garganta estuviera llena de paja y un palo me atravesara de lado a lado, como un tronco caído en el bosque. Me da miedo beber por si las olas arrastran el palo a mi estómago y se queda ahí para siempre haciéndome daño. Tal vez si bebo mucho el árbol crezca dentro de mí. Y entonces papá ya no estará enfadado conmigo porque no seré una niña. Seré una planta muy buena y muy quietecita. A papá le gustan las plantas porque no hablan.»

Un poco de tu leche ha sido publicada por Ediciones en el mar.

Sierpe de amor

Pero ¿a quién amas, dime?
Tendida en la espesura,
entre los pájaros silvestres, entre las frondas vivas,
rameado tu cuerpo de luces deslumbrantes,
dime a quién amas, indiferente, hermosa,
bañada en vientos amarillos del día.

Si a tu lado deslizo
mi oscura sombra larga que te desea;
si sobre las hojas en que reposas yo me arrastro, crujiendo
levemente tentador y te espío,
no amenazan tu oído mis sibilantes voces,
porque perdí el hechizo que mis besos tuvieran.

El lóbulo rosado donde con diente pérfido
mi marfil incrustara tropical en tu siesta,
no mataría nunca, aunque diera mi vida
al morder dulcemente solo un sueño de carne.

Unas palabras blandas de amor, no mi saliva,
no mi verde veneno de la selva, en tu oído
vertería, desnuda imagen, diosa que regalas tu cuerpo
a la luz, a la gloria fulgurante del bosque.

Entre tus pechos vivos levemente mi forma
deslizaría su beso sin fin, como una lengua,
cuerpo mío infinito de amor que día a día
mi vida entera en tu piel consumara.

Erguido levemente sobre tu seno mismo,
mecido, ebrio en la música secreta de tu aliento,
yo miraría tu boca luciente en la espesura,
tu mejilla solar que vida ofrece
y el secreto tan leve de tu pupila oculta
en la luz, en la sombra, en tu párpado intacto.

Yo no sé qué amenaza de lumbre hay en la frente,
cruje en tu cabellera rompiente de resoles,
y vibra y aun restalla en los aires, como un eco
de ti toda hermosísima, halo de luz que mata.

Si pico aquí, si hiendo mi deseo, si en tus labios
penetro, una gota caliente
brotará en su tersura, y mi sangre agolpada en mi boca,
querrá beber, brillar de rubí duro,
bañada en ti, sangre hermosísima, sangre de flor turgente,
fuego que me consume centelleante y me aplaca
la dura sed de tus brillos gloriosos.

Boca con boca dudo si la vida es el aire
o es la sangre. Boca con boca muero,
respirando tu llama que me destruye.
Boca con boca siento que hecho luz me deshago,
hecho lumbre que en el aire fulgura.

Vicente Aleixandre

Palacio de San Martín

El Palacio de San Martín, construido en el siglo XIX y declarado Bien de Interés Cultural, fue la sede de la primera embajada de Estados Unidos en España. Hoy, reconvertido en hotel, es un enclave perfecto en el centro histórico de Madrid (a solo 300 metros de la Puerta del Sol) para visitar la Plaza Mayor, el Palacio Real, la Catedral de la Almudena, el Campo del Moro, el Monasterio de las Descalzas Reales, el Jardín de las Vistillas… Además es un lugar maravilloso para inspirarse y escribir. En él he ideado el ambiente misterioso de Ziza, el cual descubriréis en mi próxima novela.

Sintra

«Sería un buen paraíso si Dios hiciese otra tentativa»

José Saramago

A un paso de Lisboa, enclavada entre las cumbres del Monte de la Luna, Sintra es una ciudad mágica. Su hechizo te envuelve nada más llegar. Estás en otra época, en otro tiempo. Lo que contemplan tus ojos, atónitos, es el sueño hecho realidad de los reyes y masones que habitaron la villa, tallando su impronta en cada uno de sus jardines y piedras.

Cuenta la leyenda que en sus montes los celtas celebraban ceremonias druídicas y que, desde la prehistoria, se rendía culto a la luna, de ahí el nombre Monte da Lua. La práctica de estos ritos llenaron los paraje de magia y supersticiones. Se dice, de hecho, que de las montañas manan energías telúricas y espirituales.

La aureola de enigma y misterio que rodea a Sintra, unida a la belleza de su naturaleza salvaje y sus edificios románticos, ha sido el acicate de muchos músicos y literatos. Richard Strauss, Hans Christian Andersen y Lord Byron, entre otros, encontraron en esta asombrosa villa la inspiración para componer algunas de sus obras.

PALÁCIO DA PENA

Un regalo de amor de Fernando II para su esposa, la reina María II de Portugal

Tras la niebla, con las últimas brumas disipadas, un palacio colorido de torres almenadas se alza en lo alto de la sierra como en un cuento de hadas. Es el Palácio Da Pena, fruto de la genialidad creativa de Fernando II, mezcla de estilos manuelino y morisco. A su alrededor exuberantes jardines, con más de quinientas especies arbóreas procedentes de todo el mundo, conforman un parque natural de una belleza inusitada.

QUINTA DA REGALEIRA

En el corazón de la ciudad, el Palácio e Quinta da Regaleira oculta el misterio de la masonería y los símbolos templarios. El brasileño Carvalho Monteiro hizo de este palacio su propio templo masónico, contratando al arquitecto Luigi Manini para que transformara el palacio y el bosque que lo circundaba. Inspirándose en la Divina Comedia de Dante construyeron un entramado de sinuosos caminos, colinas, y grutas que hacen referencia a las dificultades del Mundo y la bajada a los Infiernos.

La quinta terminó de construirse en 1910, agrupando los estilos gótico, románico, renacentista y manuelino.
En la parte más alta de la casa, una torre octogonal se abre a la terraza de la biblioteca, donde se experimentaba la alquimia.

Símbolos de la Luna, la Tierra y el Sol se encuentran repartidos por toda la finca, conviviendo con las estatuas de los dioses greco-romanos, obra del escultor José da Fonseca.

El paraje oculta grutas secretas, galerías subterráneas, lagos, cascadas y pozos utilizados para celebrar los ritos de iniciación masónicos.

Uno de los pozos iniciáticos del rito masón. Simboliza la Muerte, y desciende lentamente (el descenso es el Purgatorio) hasta las grutas que interconectan toda la quinta (el Infierno). Su fondo, recubierto de mármol, luce la cruz templaria debajo de la mística rosa de los vientos.

Para más información sobre Sintra:

http://www.visitportugal.com

http://www.cm-sintra.pt

http://www.parquesdesintra.pt

http://www.regaleira.pt

La resurrección de Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán fue un espíritu ávido de sabiduría, una mente abierta al conocimiento y al disfrute de la vida. Y, a pesar de ser una mujer del siglo XIX, vivió como quiso y escribió lo que le salió del corazón. Se separó discretamente de su marido, fumó, se emborrachó con los amigos y tuvo varios amantes. Reivindicó el derecho de la mujer a la educación y al trabajo, denunció la violencia de género y luchó con igual ahínco por su título de condesa que por un asiento en la Real Academia. Sedujo y se dejó seducir hasta caer en las garras de una pasión amorosa que condicionó su literatura. Sus relaciones con Benito Pérez Galdós, José Lázaro Galdiano y Blasco Ibáñez la embarcaron en la búsqueda de un amor ideal que nunca experimentó. Hoy resucito a esta ilustre escritora para asistir a una conversación con un joven de nuestro tiempo.

Es doce de mayo de dos mil veintiuno, estoy sentado en un banco de la calle Princesa cuando una figura negra se me acerca. «Una actriz contratada para la celebración del centenario de Emilia Pardo Bazán», pienso.

―Buenos días, rapaz ―me saluda―. ¿Puede decirme si esa estatua de ahí soy… quiero decir, ¿es la condesa de Pardo Bazán?

―Sí señora, es una estatua póstuma. Tiene usted además una cita célebre en el barrio de las Letras. Lo que no tiene, eso sí, es un muñeco en el museo de cera ―le sigo la corriente.

―Pues poca cosa, la verdad, para haber sido primera socia del Ateneo de Madrid, catedrática de la Facultad de Letras de la Universidad, consejera de Instrucción Pública y presidenta honorífica de la Real Academia Gallega. Al menos me ha reconocido usted a la primera. Pero entonces… ¿he muerto?

―Me temo que hoy es el centenario de su fallecimiento ―prosigo la farsa.

―¡Señor Dios de los Ejércitos! ¡Esto es cosa tuya! ―exclama mirando al cielo.

―Será más bien cosa de la ciencia ―replico yo.

―No me miente usted la ciencia, ni me suelte ningún disparate, que ya tuve bastante con Darwin y su absurda teoría de que el hombre desciende del mono ―dice examinándome con desconfianza―.Necesito averiguar qué ha pasado.

―Lo que necesita usted, de momento, es una mascarilla. ¿No ve que se acerca ya un policía? Tenga, tenga… ―le coloco con mimo una de color amarillo que chirría con el negro de un vestido que le llega hasta los pies y contrasta con el dorado de sus impertinentes.

―¿Pero qué es esto? ―protesta con recelo.

―Una mala noticia. Estamos en pandemia.

―¿¿¿Todavía???

―No, esta es nueva, made in China, para más señas.

―¡Dios de bondad! ―retrocede asustada. Y se me hace la luz: esa viejecilla recortadita y rechoncha, con el moño altivo y estola de piel, es la auténtica y genuina Doña Emilia Pardo Bazán. Así que decido aprovechar la oportunidad para conocerla. La tomo del brazo y nos encaminamos hacia los restaurantes de la Plaza Mayor. A nuestro paso, decenas de móviles inmortalizan a la condesa.

―¿Pero qué hace el vulgo? ―me pregunta con curiosidad.

―Retratarla.

―¿Con ese artilugio?

―Sí. Es un teléfono con cámara fotográfica.

―¡Qué asombroso cachivache! ―exclama complacida ante tanta admiración, sin sospechar que el interés de aquellas personas tiene más relación con el exotismo de su apariencia y la obsesión con Instagram que por su talento literario, el cual probablemente desconocen.

 ―Vaya, Doña Emilia, veo que el invento le agrada. Yo pensaba que a usted el progreso le resultaba amenazador.

―Bueno, es cierto que vi antinatural y con recelo el creciente confort de los aldeanos de mi época. No entendía cómo iban a pagar todas aquellas mejoras en su higiene, su indumentaria, sus viviendas… Sentí crujir las bases de la sociedad en una fractura que, además, habíamos iniciado las clases acomodadas. Sinceramente, creí que les hacíamos un flaco favor.

―Entonces… es cierto lo que he leído en algunos libros ―comento pensativo―. Que es usted una elitista, una hidalga con ínfulas de noble que cree que ser pobre está determinado por la biología (llegó a decir de Rousseau que había nacido «plebeyo» y que cometió el sacrilegio de no aceptar su condición); una condesa de título y no de sangre, que daba limosna y educaba a sus criadas, atribuyéndose el papel de civilizadora de la clase humilde; una católica exacerbada (aunque disfrutara infringiendo el sexto mandamiento) que justificó la Inquisición ante Víctor Hugo (quién sabe si solo por defender ante los franceses toda institución española); y una entusiasta patriota que llegó, en ocasiones, opinando como la mayoría de las personas de su clase, a restar importancia al racismo y al antisemitismo. «Vaya V. a llorar por unos cuantos judíos achicharrados en el siglo XVI!», le escribió a su amigo Luis Vidart en una carta. «Creemos en la superioridad absoluta de la raza indoeuropea, noble y preclara, capaz de las más altas y profundas concepciones a que puede arribar mente humana», manifestó en su obra La revolución y la novela en Rusia.

―Venga, venga, no exagere, y no se sulfure, que se le está hinchando la carótida y no es para tanto. Si además yo cambio fácilmente de opinión y sé reconocer cuándo me equivoco.  De todos modos, ¿no será usted un exaltado, un zanguango, un anarquista de esos que pierde la fe en cuanto tiene un golpe de suerte y le llueven los dineros? 

No respondo, pero la fulmino con la mirada. Nunca antes había experimentado yo tantos deseos de estrangular a nadie. No me extraña que Zorrilla la llamase no ya la «inevitable», sino la «inaguantable». Y es que Emilia fue una mujer de grandes contradicciones, debido a la imposibilidad de conciliar su deseo de pertenecer a la nobleza (con privilegios y valores tradicionales) con sus ansias de feminismo y libertad.

―No se enfade usted, eh, no me haga la del humo y me deje aquí plantada. Que quizá tenga algo de razón, y de ahí venga el poco afecto que me profesaban Rosalía de Castro (su marido me odiaba) y Concepción Arenal. Menos mal que conté con la amistad de Blanca de los Ríos, con la que compartí, por cierto, el interés por la figura de «Don Juan».

Al final me calmé. La condesa poseía, después de todo, una apertura de miras inusual para su condición y su tiempo. Como decía Pavlovski, Doña Emilia era «una mujer buena y audaz que no deseaba mal a nadie».

Sentados a la mesa de un bar castizo, pedimos, por insistencia de la condesa, algo extravagante: champagne y chuletas. Apenas diez minutos después, más divertida que un sainete, inicia una interminable disertación.

―Verá usted, en la España de entonces no era útil hablar de derechos ni adelantos femeninos, despertaba más interés saber cómo se preparaba el escabeche de perdices. Ahí no había sufragistas, ¿sabe usted? Y sin embargo ahora ¡la mujer lleva pantalones! ―exclama entusiasmada―. Hace un siglo no podía decir ni la vigésima parte de lo que pensaba de mi sexo en la sociedad y ante la ley. Pues ahora me voy a despachar a gusto: soy una radical feminista; creo que todos los derechos que tiene el hombre, debe tenerlos la mujer…

El camarero se acerca con la prensa, que Doña Emilia, hambrienta de noticias, le había solicitado.

―¡Cómo está el panorama! ―dice al cabo de un rato―.La política ha cambiado poco o nada.

―¿Por qué lo dice?―pregunto con curiosidad.

―Porque seguimos con las dos Españas, y con los mismos tejemanejes y la misma mezquina cuchipanda de egoísmos, codicias y ambiciones.

―Hombre, condesa, algo habremos avanzado. Ilústreme, ¿usted en qué bando militaría?

―Pues mire, yo he ido dando bandazos desde mi juventud, fui liberal por influencia de mi padre y luego carlista cuando me casé. Llegué incluso a viajar a Londres con mi marido para comprar armas con el oro que oculté en mi sostén. Pero ahora no elegiría ni el bando de los liberales ni el de los conservadores, sino un justo medio entre estos dos polos imposibles de reconciliar.

―¿Y en cuanto a la forma de gobierno?

―Las formas de gobierno no tienen tanta importancia para mí como los estados de cultura. Si viera una república presidida por una mujer sería partidaria de la misma.

―Una república, ¿usted? ¿No se habrá dejado influir por su amante republicano?

―¿Pero sabe lo de Galdós?

―Se han publicado las cartas amorosas que usted le escribió.

La condesa se ruborizó.

―No se apure, el deseo de Galdós de comerle los pechos es hoy en día un erotismo tibio.

―Pues no fue tibio el amor que yo sentí por él.

―No debió serlo, porque la pasión por Benito Pérez Galdós puso en jaque su enconado catolicismo.

―Así fue, pero ¡qué desengaño con Benito! Yo quería una relación entre iguales, basado no solo en el amor, sino también en el intelecto y la mutua admiración. En cambio él prefería una mujer que se ajustara más a los estereotipos del momento sobre la dama decente, la madre cristiana, «el ángel del hogar» o la amante inferior dependiente y entregada. Vamos, que yo tenía que serle fiel y consentirle a él sus otras relaciones y aventuras. ¡Qué mal encajó mi infidelidad con José Lázaro Galdiano!

―Sin embargo, fue precisamente a raíz de ese desliz cuando más se encaprichó de usted.

―Sí, después de confesarle mi aventura fue cuando declaró que me amaba, porque hasta entonces… sexo y poco más. Me acosté con Galdiano por abandono y por despecho, pero cuando Benito expresó lo mucho que me quería juré serle fiel.

―A mí me impresionan las cosas que usted le escribió: «Yo me acuesto contigo y me acostaré siempre […] porque tienes la gracia del mundo y me gustas más que ningún libro».

―Fíjese si le quise, que le regalé el manuscrito de una de mis obras de teatro, El sacrificio, para que me perdonase el desliz con Lázaro. Benito la estrenó con el nombre de La casa de la loca. ¡Y tuvo buena acogida entre el público, qué ironía! Porque todas aquellas obras teatrales que presenté con mi nombre fracasaron. Sin embargo, todas las de Benito se «aceptaron», aunque ambos innovásemos en el modo de escribir teatro y hablásemos de los mismos temas.

―Y a pesar de todos sus esfuerzos no fue usted correspondida por tan ilustre varón.

―No. Después de aquel viaje por Europa, en el que vivimos como un matrimonio, Benito comenzó a alejarse de mí.

―Hasta el punto de tener una hija con Lorenza Cobián.

―Ay hijo, sí, tuvo una niña con la Peluda. Así que, yo, que aspiraba a una relación a lo Harried Taylor y Stuart Mill, me quedé con las ganas. Lo suyo sí que fue un matrimonio, con todas las letras.

―Bueno, Doña Emilia, quizá buscar el amor ideal sea una Quimera. Así que mejor de Blasco Ibáñez ni hablamos.

―Mejor, mejor… Pero, volviendo a Galdós… ¿Puede usted creer que, a pesar de todo, mantuvimos la relación de amistad hasta el final? Después de las cartas de amor nos pasamos a otro tipo de correspondencia. Nos comunicábamos a través de nuestras obras, expresábamos a través de ellas lo que sentíamos el uno por el otro y cómo creíamos que debía ser la relación amorosa entre hombre y mujer. Tiene usted como ejemplos mi novela Insolación, Morriña y Memorias de un solterón, y por parte de Benito La incógnita y Realidad; asimismo «discutíamos» sobre el papel de la mujer en la sociedad. Teníamos una visión diferente, la suya era patriarcal, y cuando se atrevía a reivindicar la libertad de la mujer, esta no llegaba por ejemplo hasta la emancipación económica, algo fundamental para mí. Por tanto, yo le replicaba. Escribí una crítica de Tristana y la obra de teatro Cuesta abajo en contraposición a El abuelo.

―O sea, que fueron ustedes como el dúo Pimpinela ―digo en voz baja.

―¿Decía usted algo? ―pregunta la condesa.

―Nada, nada, que quizá sea hora de ir buscando un jesuita que nos desvele el misterio de su resurrección.

―¿Podríamos antes pasarnos por la peluquería? Es que tengo el capricho de ser rubia, como me pintó Vaamonde. Y ya conoce usted el dicho: ¡Solo se muere una vez!

Madre

En ti me he inspirado, madre,
útero amable y querido,
en tu cariño especial,
en tus manos que acarician,
en tus palabras al niño que somos,
y que seremos.

A ti te hago este poema,
por tu querer tan humano,
pero lleno de conciencia.

Que nos trajiste a la vida,
y siempre nos has arropado,
alerta a todo peligro,
y atenta al sueño sanado,
en un despertar con paciencia.

Por ti aprendí cada día,
que el amor es descuidado,
de... egoísmos.

María Antonia Pérez

Rincones secretos

Lugares mágicos donde encontrar la inspiración para escribir. REFLEXIONA, FANTASEA, SUEÑA…


JARDINES DE EL BUEN RETIRO

UN EDÉN EN EL CENTRO DE MADRID

Exuberante naturaleza de plantas tropicales y pavos reales. Museos, monumentos, exposiciones de arte. Una biblioteca enorme con vistas al parque. Un lago con embarcadero, titiriteros, turistas nacionales y extranjeros, gente de todas las culturas y clases sociales. Restaurantes florales y bares al aire libre con baile. Luces nocturnas, música con luna. Besos sostenidos por estatuas, caricias tras los árboles, murmullos de voces que proclaman amor a un viento juguetón. Imposible no hallar la inspiración en este edén madrileño un atardecer de marzo bañado por el sol.


CAPILLA DE LOS HUESOS

Évora, Portugal

La Capilla de los huesos (Capela dos ossos) es uno de los monumentos más conocidos de la ciudad de Évora en Portugal. Se trata de una pequeña capilla interior contigua a la Iglesia de San Francisco. Fue construida en el siglo XVI por un fraile franciscano quien, bajo el espíritu de la Contrarreforma de la región, quería llevar a sus hermanos hacia la contemplación y transmitir un mensaje sobre el carácter efímero y transitorio de la vida.

La capilla tiene 18,7 metros de largo por 11 de ancho. La luz que entra lo hace a través de tres pequeñas aberturas situadas en el lado izquierdo de la misma. Sus paredes y sus ocho columnas están decoradas de largos huesos y cráneos cuidadosamente ordenados y sujetos mediante cemento. El techo está hecho de ladrillo blanco decorado con diferentes motivos.

Se calcula que el número aproximado de esqueletos necesarios para realizar semejante obra es de unos 5000, provenientes de los cementerios de las iglesias situadas en los alrededores. Algunos de los cráneos tienen dibujados grafitis sobre ellos. Además, dos cadáveres disecados, uno de ellos perteneciente a un niño, permanecen colgados de unas cadenas.


EXPOSICIÓN FLORAL DE PETRIT HALILAJ

Palacio de cristal del Parque del Retiro, Madrid

La entrada a la exposición es gratuita y puede visitarse hasta el 28 de febrero de 2021

Petrit Halilaj presenta su proyecto personal para el Palacio de Cristal titulado “A un cuervo y los huracanes que, desde lugares  desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados”, en el que vemos grandes flores y elementos de la naturaleza de los que sirve el autor para abordar temas como el hogar, la nación, la identidad cultural y el amor. Se trata de la primera muestra individual que se le dedica a Halilaj en España, y de la primera que se inaugura en el Reina Sofía después de la pandemia.

Acompañando a las flores gigantes hay pájaros que representan la metáfora de la libertad sobre lo que no pueden hacer los humanos: volar y vivir sin fronteras. Halilaj se ha inspirado en el singular ritual de apareamiento de los bowerbirds, unas aves que construyen elaboradas estructuras (bowers) y las decoran con objetos coloridos para atraer a la pareja.

Jardines de El Buen Retiro

Exuberante naturaleza de plantas tropicales y pavos reales. Museos, monumentos, exposiciones de arte. Una biblioteca enorme con vistas al parque. Un lago con embarcadero, titiriteros, turistas nacionales y extranjeros, gente de todas las culturas y clases sociales. Restaurantes florales y bares al aire libre con baile. Luces nocturnas, música con luna. Besos sostenidos por estatuas, caricias tras los árboles, murmullos de voces que proclaman amor a un viento juguetón. Imposible no hallar la inspiración en este edén madrileño un atardecer de marzo bañado por el sol.

Viktor Frankl: «La salvación del hombre se produce a través del amor y en el amor»

Sonia Rosado

Titulo este post con una cita en memoria del neurólogo y filósofo austriaco Viktor Frankl, que sobrevivió en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. En 1946, a partir de esa experiencia, publicó el libro EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO, que más tarde se convertiría en un best seller.

CON SAN VALENTÍN «A LA VUELTA DE LA ESQUINA» REFLEXIONO SOBRE EL MISTERIO DEL AMOR

Los mecanismos del amor son un misterio, como lo es la vida en sí. ¿Por qué vivimos, por qué amamos y por qué morimos? Nos regimos por deseos y fuerzas incomprensibles, y nuestra existencia misma depende de ellos.

Amar y ser amado es una necesidad biológica para la reproducción y para la supervivencia. El ser humano está diseñado para la «autotrascendencia», es decir, para relacionarse, aparte de consigo mismo, con el resto de seres vivos. Por eso experimentamos un ansia de «fusión» con la persona amada, pues el amor es el deseo y la búsqueda de la «totalidad». Además enamorarse de alguien facilita que nos mostremos más amorosos con el resto de personas. El corazón es «glotón» y gusta de tener varias personas a quien amar.

Es imposible, o al menos muy difícil, resistirse al deseo, a la emoción y al sentimiento del amor. De hecho no solo nos enamoramos una vez, sino que nos enamoramos una vez tras otra.

Dicen que el amor todo lo cura y todo lo puede. Quizá sea así, puede que el amor nos «salve», puesto que es un acicate que nos anima a seguir adelante, a pesar de las dificultades, a pesar de las adversidades. Porque el amor es sinónimo de dicha, de júbilo, de plena felicidad. Pero ¡ojo!, aunque el amor es eterno en su universalidad, no lo es sin embargo en la concreción de una determinada persona. Con el tiempo podemos dejar de desear y/o de amar a alguien en particular. El amor es efímero como lo es nuestra propia existencia. Y la pérdida de un ser querido, ya sea por la rotura del vínculo amoroso o por la ineluctabilidad de la muerte, provoca el dolor más agudo y el sufrimiento más intenso. Y es que el amor es fuente inagotable de placer siempre que consigamos mantener el vínculo o «encendida la llama». Porque, seamos honestos: para amar hay que tener agallas. El amor necesita esfuerzo, empeño, mimo. El amor es como una delicada planta a merced del viento, de la lluvia, de la nieve y de los cambios bruscos de temperatura. Hay que saber cuándo regarla, cuándo y cómo protegerla, cuándo y en qué manera trasladarla a un nuevo entorno. Pues así igual se debería hacer con el amor, porque la gente cambia, las personas crecemos, maduramos, nos adaptamos a la vida y la vida se adapta a nosotros. Nuestras trayectorias vitales están sujetas a frecuentes cambios e interrupciones, y por lo tanto también lo están nuestros afectos, que deben ir adaptándose a las nuevas circunstancias y quizá, además, a nuestra «nueva identidad», pues nunca dejamos de evolucionar psicológicamente. Por tanto, la forma más fidedigna de medir nuestro amor hacia alguien es la disposición que mostramos a integrar a este ser amado en nuestra vida a medida que este o nosotros mismos nos transformamos.

Puedes encontrar estas y otras reflexiones traducidas en historias y experiencias relatadas en mis libros OJALÁ ME AMES y EL DON MÁS CODICIADO DEL MUNDO.

Inspiración mexicana

Existe en México, en el estado de Oaxaca, una ciudad llamada Ixtepec, donde el 1 de noviembre, día de los muertos o Xhandú, se celebra con un festival de poesía, literatura, música, teatro, danza y fotografía. Toda una ofrenda cultural recogida este año, debido a la pandemia, en un libro titulado Biguié, que significa esencia, fragancia o aroma de flores; biguié es la ofrenda a los muertos, o los periodos de tiempo de la vida binnizá (zapoteca) registrados en su calendario ritual sagrado. En este proyecto, organizado y dirigido por el escritor Óscar Zárate, participan poetas, escritores y fotógrafos de Oaxaca, Baja California Sur, Ciudad de México, Yucatán y otros estados mexicanos.

BIGUIÉ, comienza relatando la historia del nacimiento de este festival que va ya por su sexta edición.

«Hace seis años se nos ocurrió hacer un encuentro poético en conmemoración del aniversario luctuoso de Alejandro Cruz Martínez, poeta jeromeño asesinado, e invitamos a amigos de la región a crear este espacio. El lugar fue en el Panteón municipal de Ixtepec, en un tanque de agua, a un costado de la sepultura del maestro Alejandro, armamos un escenario con tablones y encendimos más de cien veladoras que fue nuestra iluminación hasta la madrugada. Los vecinos nos obsequiaron tamalitos y café, el mezcal llegó solito, como el viento nostálgico de estas fechas, no paró la poesía toda la noche, llegaron dos compañeros de Alejandro y sorprendidos de conocer tantas voces nuevas celebraron con nosotros, cantándole al poeta chituguí. Así comenzó esta aventura, continuamos cada año, cada primero de noviembre con más invitados, todos hermanados en el arte. Se agregó la música, performance, danza, teatro, fotografía, y nuestro público creció. Nos preguntaban a qué hora comenzaremos, los tamalitos se acababan enseguida y el mezcal humedecía a la noche, que bajo el cielo y el huanacastle nos hacía eternos, una cita romántica con nuestros queridos muertitos.»

Y continúa con la poesía de Andrea Ek

 
 Recuerdo
 Las palabras se convierten en ceniza,
 Se esfuman contigo.
  
 No hay luz
 La luna:
 compañera nocturna,
  
 recolectora de lágrimas.
  
 Vida efímera,
 Recorrido de mi alma
 en los poetas;
  
 transición de la palabra
  
 en el viento que besa
  
 una mirada
 una sonrisa
  
 al atardecer