He callado, pero no por temor, he silenciado las palabras, pero no por miedos levantados. No dije amor, ni adiós, ni nada Nada ganó en el pasado. Mi pasado voló entre montañas, en el valle quedó y fue abrazado. Miré la herida abierta, ya no supura, no sangra, ni se duele, cicatrizado el dolor que la acompaña. El viento llegó con las libélulas, acompasado, entre ramas crecidas, entre sonrisas de hojas, palabras que colgaron, que no flores, frutos del largo estío de mi infancia. Abracé los labios, madera henchida de árbol maduro. Contemplando el silencio me vi... en el rocío.
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¿Dónde está el amor?
¿Dónde lo buscaste, que no lo encontrabas? El amor estaba. ¿Dónde lo mandaste, que no retornaba? El amor estaba. ¿Dónde lo pusiste, que quedó en nada? El amor estaba. Está en el aire, en la flor hermosa, en manos que ayudan, en las mariposas. Está entre las gentes, que trabajan duro, en los parques verdes, y a veces son mudos retratos de alguien. El amor... estaba. M. Antonia Pérez
Memento
Hoy he hecho coincidir nuestros latidos, apoyando mi pecho sobre el tuyo. La música del amor me ha serenado. Soy un pájaro emigrando. El infierno respira dos veces.
Sonia Rosado, de la novela «El infierno respira dos veces». Saga Ojalá me ames.
La novia roja y el mal del Caribe
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Una novela de misterio, pasión y aventuras. ¿Te atreves a descubrir la leyenda de Ziza?
La novia roja y el mal del Caribe es la esperada segunda parte de la saga Ojalá me ames, que comienza con el libro de relatos Ojalá me ames :Tres décadas de amor y desamor y continúa con la primera novela El don más codiciado del mundo.
SiNOpsis
Alma escribe el libro El dominio de las pasiones en respuesta al mensaje de Abril. En un paraje solitario de la sierra madrileña, Carmen reúne a familiares y amigos en plena pandemia de la COVID-19 para tratar de averiguar el paradero de su hija. Allí saldrá a la luz una historia sorprendente sobre el origen de Ziza y se revelarán los misterios ocultos en El don más codiciado del mundo.
FRAGMENTO DE LA NOVELA
«Desde que Paquita me habló de Cozumel, la isla se adhirió a mi piel como un tatuaje. No podía desprenderme de ella, ni siquiera cuando mi labor de costurera requería mi máxima atención. Al despertar me asomaba a la ventana y, en lugar de las cuatro palmeras raquíticas que adornaban la avenida, veía enormes cocoteros brillando bajo el sol. Desayunaba bizcochos dorados como las arenas del mar y un zumo turquesa dulcísimo, mezcla de arándanos con papaya y otras frutas tropicales. En momentos nostálgicos arramplaba con todas las botellas de zumo disponibles en el supermercado y regresaba a casa, rauda como un leopardo, a llenar la bañera con el líquido azulado. A veces, incluso, sacaba a mis peces naranjas del acuario y los arrojaba al néctar de la bañera; algunos, pobres, perecían al instante y ascendían a la superficie, donde flotaban como nenúfares.»
¿Por qué leer La novia roja y el mal del Caribe?
- Es una historia humana, dura, sentimental y emotiva. Una historia original e inolvidable.
- Mezcla diversos géneros: romance, aventura, misterio, acción, intriga…
- Te identificarás con alguno de sus personajes.
- Viajarás a lugares exóticos de México e Italia.
Si te gusta María Dueñas, Megan Maxwell, Paloma Sánchez-Garnica, Luz Gabás o Isabel Allende, disfrutarás con la saga Ojalá me ames.
Sonia Rosado (Madrid, 1976) es periodista. Ha escrito el libro de relatos cortos OJALÁ ME AMES como apertura de la saga familiar del mismo nombre. EL DON MÁS CODICIADO DEL MUNDO es la primera novela de esta saga y LANOVIA ROJA Y EL MAL DEL CARIBE la segunda. Sonia Rosado también es autora del prólogo y del relato corto La resurrección de la nueva edición de la novela Insolación de Emilia Pardo Bazán.
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Un pájaro en la niebla
UN PÁJARO EN LA NIEBLA, editado por Zoila Ascasibar, es una verdadera joya para los amantes de la poesía. Mª Antonia Pérez es una maestra de la metáfora y de la improvisación. De la más sencilla cotidianeidad es capaz de crear, en tan solo unos instantes, el más bello de los poemas, con un sentir que te emociona, te sacude, te revuelve… Sus versos son una cura para el alma.
Un pájaro en la niebla, así me siento yo, desorientada, inquieta, humedad en las plumas y horizonte invisible. Volar sin rumbo, volar en círculos y pararse en la rama. Posarse en el firme árbol, que corta la niebla, y que la define. Pájaro sin ayer y sin mañana, hoja del árbol, trino sin eco... pluma y anhelo.
Dulce ilusión

Me acaricio el vientre con ternura y sonrío. Estoy ilusionada. No entraba en mis planes pero ha sucedido, y la verdad es que estoy muy feliz. Un pedacito de él, un pedacito suyo en mis entrañas. Imagino cómo será y a quién se parecerá, pero en cambio no pienso en la reacción de Iván. No sopeso con calma las consecuencias derivadas del hecho de estar encinta. Me he limitado a tomar una decisión inamovible. Voy a tener un hijo del hombre al que tanto amo, y rezo para que tenga su tez morena, sus ojos oscuros y su fuerza y determinación ante las adversidades de la vida.
Camino muy despacio, más que pisar el suelo, mis pies parecen flotar sobre él. Saboreo cada uno de los colores, sonidos y olores del hermoso día primaveral: el sol brillante sobre un cielo azul salpicado de minúsculas nubes, el perfume dulce e intenso de las lilas que embellecen los árboles, el amable trino de los pájaros, el grato murmullo del agua que mana de la fuente en el centro de la plaza, y sobre todo las risas, las despreocupadas risas de los niños que juegan al escondite.
Iván me espera en el banco de siempre, en el banco en el que nos besamos por primera vez y en el que, una noche sin luna, sus hábiles manos jugaron bajo mi jersey recorriendo mi cintura, mis caderas y mis pechos.
Observo su gesto sombrío y su boca desfigurada por una mueca de preocupación.
Me alarmo, porque Iván es un hombre difícil de contrariar, no se amilana ante los obstáculos que se le van presentando. Ninguno de ellos le parece insalvable, y los afronta con una sonrisa y a todos les da rápida y práctica solución, porque «todo tiene solución en esta vida, todo menos la muerte», suele decirme. Por eso intuyo que algo muy grave pasa y le dejo hablar a él primero.
Iván es muy directo.
—Dulce, mi ex vino a verme hace tres meses y me acosté con ella. Está embarazada. Nos vamos a vivir a Londres con sus padres. Lo siento.
Y entonces pienso que hace tres meses ya salíamos juntos, y no digo nada, no puedo, porque el suelo sobre el que parecía flotar hace tan solo unos instantes se hunde bajo mis pies. El cielo se nubla, y dejo de percibir el aroma de las lilas, el canto de los pájaros y el incesante goteo del agua de la fuente.
Las risas de los niños me estrangulan el alma y me desgarran el corazón.
¡Arrancadme la cabeza!
Grito desesperado de Alma, impotente ante el amor que siente por Jairo

Por favor, ¡arrancadme la cabeza! ¡Arrancádmela con saña! ¡Golpeadla, trituradla, quemadla, enterradla! ¡Y dadme así la libertad! Fabricadme después una nueva, sólida y resistente, inmune al influjo aturdidor de las estúpidas pasiones. Ya no quiero mi cabeza, porque ya no es mía, la lujuria la ha devorado, como harían las hormigas con una lagartija viva dentro de un tarro de cristal. Solo que el tarro es, en este caso, un laberinto teñido de rojo en el que soy incapaz de encontrar la salida. ¿Y cómo voy a hacerlo? Si no puedo concentrarme en nada que no sea ÉL, cada hora, cada minuto y cada segundo del día. He dejado de ser yo, hasta el punto de dejarme comer por sus deseos carnales. Pero ya no, ya no puedo tolerarlo más porque hay alguien que me necesita. Así que por favor, ¡ayudadme!, sacadme de este embobamiento irracional, de este atontamiento carnívoro; y no tengáis remordimientos, porque esta no soy yo. Por favor, ¡arrancadme la cabeza y devolvedme mi libertad!
El poder del amor

Sonia Rosado/
Dicen los enamorados, o decimos los que lo hemos estado, que en esa situación de absoluto embelesamiento, al que te conduce irremediablemente el amor romántico, se percibe, se siente y se vive otra realidad, diferente a la que ven los demás. La vida es en esa condición una armonía de colores, donde el gris y el negro no tienen cabida, a pesar de las dificultades que podamos estar atravesando. Hace poco me contaba, en privado, una seguidora de Instagram, que después de llevar un tiempo luchando contra el cáncer, con todo el dolor, el sufrimiento y el estrés que eso conlleva, su novio decidió poner fin a la relación. A partir de ese momento ella, sin poder evitarlo, dejó de concentrarse en sí misma y en la propia enfermedad para obsesionarse con la idea de volver con él. Y esta idea comenzó a ser más fuerte que el deseo de curarse. Sus palabras textuales fueron: «Teniendo que enfrentarme por primera vez a la gravedad de mi enfermedad con el corazón roto, mi mente se centró más en el estado de mi corazón y en la obsesión por mi exnovio que en el cáncer. Y no es que yo así lo decidiera, sino que fue algo instintivo y poderoso, que me salió del alma. Hoy me pregunto si fue esa lucha, ese deseo, esa fuerza, ese ímpetu por recuperar mi relación, lo que realmente me salvó la vida».
¿Y vosotros, que opináis? ¿Puede el amor romántico hacernos sobrellevar mejor las duras situaciones derivadas de la pandemia? Espero vuestras respuestas. Sobre todo las de aquellos que estáis enamorados.
Mientras lo pensáis, os dejo con un interesante texto, que he traducido del inglés, de una conferencia dada por Helen Fisher, antropóloga y bióloga norteamericana.
EL AMOR ROMÁNTICO
La gente de todo el mundo canta y baila por amor, compone historias y poemas por amor, sufre por amor, vive por amor, mata por amor y muere por amor. Todas las sociedades conocen el amor romántico, todas lo experimentan, pero esta experiencia no implica siempre felicidad.
El amor romántico es una de las sensaciones más poderosas del mundo. Se registra en la parte del cerebro asociado con el querer, con la motivación, con la concentración y con el duelo. Es la misma parte que se activa cuando se consume cocaína. Pero el amor es mucho más que una droga, es una obsesión, porque te posee, y pierdes el sentido de ti mismo, ya que no puedes parar de pensar en otra persona. Es como si alguien estuviese acampando en tu cabeza. Y esa obsesión puede llegar a ser peor cuando eres rechazado, porque en esta circunstancia amas aún más a la persona. Y es que se ha demostrado que la parte del cerebro que corresponde a la motivación registra mayor actividad cuando no puedes conseguir lo que quieres. Es por eso que el enamorado está dispuesto a arriesgar todo por conseguir ese premio del amor. La poesía dice que el dios del amor vive en el estado de la necesidad, pero no es necesidad, es una forma de estar en equilibrio, es como el hambre y la sed, es imposible mantenerlos fuera, alejarse de ellos, renunciar a ellos. El amor es una adicción, buena si sale bien, horrible si va mal. Es una adicción porque tiene todas las características de esta. Te concentras en la persona amada, piensas obsesivamente en ella, distorsionas la realidad, y corres enormes riesgos para conseguir su amor. Y como ocurre en cualquier adicción necesitas más, necesitas ver a la persona amada, más y más.
El amor romántico es por tanto una de las substancias más adictivas del mundo. Pero, ¿por qué te enamoras de una persona y no de otra? Tiende a pensarse que influye tener el mismo nivel socioeconómico, el mismo nivel de inteligencia, el mismo nivel de belleza, los mismos valores. Pero la ciencia demuestra que es en realidad tu biología la que te empuja más hacia una persona que hacia otra, según en qué grado expresas la dopamina, el estrógeno, la serotonina y la testosterona. Y es que existen varios tipos de persona según los porcentajes de estos químicos presentes en tu cerebro.
En tiempos de cuarentena
Diario de una trabajadora 1
Madrid, miércoles 25/03/2020

VILLAVERDE BAJO, MADRID 14:00 HORAS: Salgo del trabajo.
Tardo 17 minutos en llegar andando a mi casa. En este recorrido de 1,5 km veo…
-Total de personas circulando a pie por las calles (aparte de mí): 51(menos de la mitad con mascarilla).
– De estas con perro: 7
– Con carrito de la compra: 4
–Caminando de dos en dos y hablando (sin mascarilla): Dos compañeros de trabajo (lo deduzco por su conversación)+ Chica joven con chico joven (no tengo pistas al respecto).
-Personas circulando en bicicleta: 1 chico joven vestido con ropa de calle (ayer vi a un ciclista, vestido de ciclista).
–Hechos insólitos: Chica sin mascarilla, sin bolso, sin perro, sin carrito de la compra. Se me acerca para pedirme un cigarro (yo ni siquiera fumo) + chico joven gritando a la entrada de un portal a un telefonillo. Extracto de la conversación (a gritos): «¡Es que tía estás loca. No sé cómo dejas entrar a tu casa gente, con esto del coronavirus…Te vas a quedar sola…!»
Respecto a los que siguen trabajando… ¿Creéis que los propios trabajadores respetan siempre las normas de seguridad y la distancia entre ellos? NO.
TODO ESTO ES LO QUE HE VISTO hoy. Juzgad vosotros mismos…
El inicio de la pandemia

Recuerdo la primera vez que contemplé el amanecer en brazos de Soledad. Nos habíamos conocido el día anterior. La había estado observando, durante toda la tarde, esperar sola y desamparada en la Renfe de Villaverde Bajo, a alguien que nunca llegaría. Y decidí rescatarla, llevándola a mi refugio, al edificio abandonado de la antigua estación de tren, donde atendía a las personas sin hogar con las que convivía. Pensé que jamás volvería a enamorarme, ya que nunca había experimentado antes un amor tan grande como el que sentía por mi exnovia, Mariví. Con ella me volví loco, pues abrió mi corazón y se coló dentro para habitar en él, desordenando mi vida por completo. Cada vez que me miraba, me sonreía o me besaba, yo dejaba de ser «yo». Mi ser entero le pertenecía, era su prisionero. Pero aquel inesperado día en que me topé con Soledad, fue como si un rayo de luz rompiera las cadenas que me aprisionaban. Sentí que amándola a ella sería capaz de olvidar, por fin, a Mariví, que me había abandonado por otro, que a su vez terminaría abandonándola a ella, dejándola embarazada y negándose a reconocer a su bebé. Entonces yo le propuse matrimonio y ejercer de padre de su futuro hijo. Ella me rechazó, pero ese doloroso rechazo terminó reconduciendo mi vida. Me convertí en EL ÁNGEL.
Desperté por tanto aquel día en brazos de Soledad, tras una noche de cariño, ternura, mimos y abrazos. Aquello no era pasión, iba más allá, superando toda excitación sexual. Era una sensación de bienestar que recorría mi espina dorsal, y barría toda sensación de angustia, vacío y frustración. Era un sentimiento hermoso, puro y desconocido que me desveló la verdadera forma de amar. Ambos estábamos verdaderamente necesitados, de afecto, de comprensión, de cariño. Sobre todo después de lo que iba a suceder a continuación: la muerte de nuestros seres queridos y una pandemia que asolaría el mundo.
Todo empezó aquella mágica mañana, cuando tras deshacerme del abrazo de Soledad, le pedí que cuidara de los «sin techo» hasta que yo regresara del trabajo. Conduje hasta el hospital mientras escuchaba en la radio la canción Resistiré de El Dúo Dinámico. No podía imaginar que aquella antigua melodía, compuesta en los años ochenta del siglo pasado, llegaría pronto a ser el himno de toda una nación.
Sandra, la recepcionista, indicó al guardia de seguridad que me diera el alto en cuanto me vio aparecer.
—¿Qué ocurre? —les pregunté a ambos.
—Ve a ver a Pablo, está en su despacho —me dijo Sandra—. Tiene algo importante que comunicarte —añadió al ver mi indecisión. Pablo era mi jefe de planta y mi relación con él no era buena, pues yo le solía hacer muchas recomendaciones y sugerencias acerca de cómo hacer mejor su trabajo. A él por supuesto no le agradaba nada mi intromisión y hacía caso omiso de todos mis consejos, aunque repercutiesen en beneficio de los pacientes. Pero aquella vez, todo iba a ser diferente, muy diferente.
Para empezar tuve que recibir de él la noticia más dura de mi vida. Mariví acababa de morir en la UCI y, por si fuera poco, descubrí que igual suerte había corrido Norma, la amiga de Soledad. Las dos habían sido víctimas del mismo accidente. Se me saltaron las lágrimas al instante, no podía creerlo. No sabía cómo encajar aquello, y menos delante de aquel maldito médico.
—Ángel…—me dijo en tono afectuoso—. Sé que estás afectado, y que probablemente la seguías amando. Tienes todo mi apoyo y, por supuesto, cualquier cosa que necesites. Puedes cogerte unos días de baja y recibir atención psicológica aquí en el centro. Eso sí, debo confesarte que dentro de muy poco vamos a necesitar a todo el personal disponible en el hospital. No sé si has visto las noticias en la televisión esta mañana.
—En realidad no. Sabes que ahora vivo en la antigua estación cuidando de las personas sin hogar. Apenas tengo tiempo de ver la tele.
—Comprendo. Pues Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias del Ministerio de Sanidad, acaba de dar un comunicado. Se han detectado 76 casos de coronavirus COVID-19 en Italia, en la zona de Lombardía y Véneto.
—Pero si esas son las regiones donde se encuentran Milán y Venecia, zonas muy turísticas del país…
—Exacto. Y me temo que cuando todos los turistas regresen a sus casas muchos de ellos llevarán el virus consigo, y comenzaran a transmitirlo en sus respectivos países.
—¡Dios mío! ¿Tú sabes la cantidad de turistas europeos y del resto del mundo que viaja a Italia? ¿La cantidad de personas de España y de otros países de la Unión Europea que trabajan allí?
—Sí. Me temo que si los gobiernos y la propia UE no toman medidas urgentes y tan restrictivas como las de China, desde el primer momento, esto va a ser un coladero. Tenemos el ejemplo chino, la provincia de Hubei paralizada, millones de personas en cuarentena, drones desinfectando las calles, miles de infectados y… de muertos.
—¿Tú crees que los gobiernos actuarán rápido?
—Desconfío de que así sea. Está el factor económico. En cualquier caso debemos prepararnos. Ya de por sí tenemos un problema de escasez de medios materiales y humanos, debidos a los recortes. Voy a establecer un protocolo con medidas de seguridad del personal y de optimización de los recursos con los que contamos. Y he pensado también en preparar el gimnasio para albergar camas UCI.
—¿Piensas que es necesario llegar a tanto?
—Me temo que sí. Prefiero pecar de exagerado y tomar desde ya las necesarias precauciones. Si Italia no cierra fronteras desde el minuto uno, y España no pone en cuarentena obligatoria a la gente que venga de allí, en poco tiempo tendremos por todo el país miles de infectados. Digan lo que digan a partir de ahora la prensa y los políticos esto es serio. Estamos hablando de un virus que se propaga a la velocidad del rayo, un virus para el que no existe vacuna, un virus que está matando, sobre todo a las personas mayores y personas con patologías, un virus que está desesperando a los médicos chinos, que no entienden por qué hay pacientes que pasan de tener un cuadro moderadamente grave a morir de un día para otro. Los pulmones dejan de funcionar de repente. Además, se están estudiando las secuelas que el virus deja en los supervivientes. También he leído que en muchos casos están utilizando radiografías de tórax para la diagnosis, pues parece ser que los test dan muchos falsos negativos y deben realizarlo de tres a cuatro veces hasta que obtienen el positivo.
—¡Pero esto es un problema de dimensiones descomunales! ¡Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos!
—Lo haremos Ángel. Te lo prometo.
Salí mareado del despacho de Pablo, tuve que apoyar una mano en la pared, agachar la cabeza y respirar hondo para no vomitar o caer. En ese estado me encontró Dulce, la hermana de Alma. Ambas eran, o mejor dicho, habían sido, primas de Mariví. Sí, ironías del destino, aquella muchacha llamada Alma a quien robé en Florencia el relato RECUERDOS DE CAMA resultó ser prima hermana de Mariví.
—Ángel, ¿estás bien?
—Sí —contesté incorporándome y alzando la cabeza hacia ella—. Dulce, ¿qué haces aquí en la zona del personal médico?
—Te estaba buscando. He preguntado por ti y me han dicho que estabas reunido con el jefe de planta. Quería verte antes de que comenzaras tu turno. No sabía si ya te habrías enterado.
—Acabo de saberlo.
—Lo siento —me dijo con lágrimas en los ojos.
—Yo también —respondí con un hilo de voz—. ¿Y la niña?
—¿La conoces?
—En realidad no.
—Laurita está con mis padres. Ahora mismo la están dando un paseo por los alrededores del hospital. He quedado ahora con ellos en la cafetería.
—¿Y los demás?
—No hay nadie más. Ninguno de los hermanastros de Mariví se ha dignado aún a venir. Tampoco lo ha hecho su padrastro. Solo estamos Manuela y yo. También estaría Alma, si no… si no estuviera desaparecida.
—Lo sé. Después de tantos años, ¿tenéis alguna pista nueva?
—No, pero hemos ideado un método para tratar de ponernos en contacto con ella sin levantar sospechas. No sabemos si la secta sigue de algún modo operativa.
—¿Qué vais a hacer?
—Escribir una novela, contando su vida, y la nuestra. En ella le haremos llegar un mensaje, sabrá que la estamos buscando y que queremos que vuelva. Esperamos sacarla al mercado en el plazo máximo de dos años. Tiene que ser lo bastante buena como para que se venda y se hable de ella.
—Es una gran idea. Alma podría pasarse días enteros en una librería o en una biblioteca. Seguro que tarde o temprano descubriría la novela. ¿Y ha habéis pensado en el título?
—Sí. Si la muerte es la nada.
Suspiro.
—Ángel —me miró fijamente a los ojos—. Ojalá fueras tú el padre de Laurita.
—Pues no lo soy. Mariví estaba convencida. El padre es Jairo.
—Ya, pues no es justo. ¿Por qué tenía que conocer a Jairo casi diez años después de destrozarle la vida a mi hermana? Y mira que se lo advertí. Pero ya sabes que mi prima era testaruda. Pensaba además que con ella sería diferente, y que podría hacerle cambiar.
—Pues por desgracia no ha sido así.
—Te juro que no sé lo que tiene ese hombre, Ángel. A veces pienso que destila hormonas que se adhieren a la piel de las mujeres como abejas a la miel. Otra explicación no tiene.
—¿Pero sigue casado?
—Por supuesto. Puede que Elisabeth tenga más cuernos que un ciervo, pero nunca la dejará.
Me encogí de hombros. Todo eso me daba igual.
—Venga, vamos a la cafetería, mis padres deben de haber llegado ya. Quiero que conozcas a la niña.
Alejandro, el padre de Dulce y Alma, empujaba un carro de bebé, pero Laurita estaba en los brazos de Carmen, llorando. Me la entregó para que yo la cogiera, y automáticamente se calmó. Algo había ocurrido entre nosotros, algo se había activado en mi interior, una ola de ternura, un deseo de protección, como si nos uniese un hilo invisible, más aún, un vínculo de sangre. Pero cómo iba a ser eso posible, si aquella criatura a la que miraba arrobado ni tan siquiera era mi hija. Le manifesté el deseo a Dulce de verla de vez en cuando. Ella aceptó.
—Serás una gran influencia para ella, Ángel, todo un ejemplo. ¡Y quién sabe!, igual acaba siguiendo tus pasos y se convierte en personal sanitario.
Quedamos en vernos dentro de dos sábados, cuando me tocaba librar.
Pero el encuentro no se produjo.
No se produciría jamás.
Nadie estaba preparado para lo que iba a suceder.
Pandemia
Estado de alarma.
Cuarentena
Confinamiento.
Colapso humano, económico y sanitario.
Miles de infectados.
Miles de muertos
El planeta Tierra en guerra.
El enemigo: el SARS-CoV-2, un virus letal.




